viernes, 7 de octubre de 2011

Capítulo 3 - Y todo va a comenzar, pero de verdad.

Todo estaba lleno de sangre. Lágrimas de sus ojos se derramaban. Se encontraba sentada en el suelo, viendo todo lo que había pasado. Den... Se encontraba ahí. Lleno de sangre. Lo primero que hizo Angela, fue acercarse a él, gritando cosas desesperadas, piéndolo que despertara, pero todo fue en vano. Rápidamente llamó a una ambulancia. Y ahí se encontraba ella, viendo como se llevaban a Den, polícias preguntarle cosas, y ella ignorando todo, sin apartar los ojos de Den. Se levantó y fue hacia la ambulancia. Varios polícias la retenieron, ella intentó soltarse, pero no podía. Vio como se iba la ambulancia. Todo era trágico. Sintió de nuevo el dolor de cabeza y escuchó un sonido, acababa de recibir un mensaje. Más tarde lo leería, a no ser que tirara el móvil descontroladamente. Un polícia joven, moreno, alto, quizás algo guapo, intentaba consolarla. Angela, sin poder aguantar más, lloró sobre el hombro del policía. El policía la agarró y la abrazó. Era la típica escena de esas idiotas películas, y de nuevo había que admitir que yo era idiota.

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Días después...
-¿Cielo? ¿Estás en casa? -deja las llaves en un cuenco y el abrigo en el armario. Lleva bolsas llenas de ropas, accesorios y zapatos, cómo no, todo muy bonito.
Angie está ahí. Sentada en el sofá. Con la televisión encendida, pero sin embargo, sin siquiera verla. Su madre, Lee, deja las bolsas delante de ella y sonríe. Angie la mira.
-¿Qué te parece? -pregunta su madre.
-Déjame, mamá.
-Oh vaya... Mamá te ha comprado cosas, cosas muy bonitas, ¿las vas a rechazar?
Angie la ignora. Lee se sienta a su lado y la mira.
-Mira cariño, sé que acaba de pasar una cosa terrible, pero creo que debes de pasar página. No es fácil, creéme. Yo pasé lo mismo con tu padre... Fue muy duro, pero he conseguido superarlo.
-No lo entiendes, a tí te abandonó papá, pero Den ha muerto, ¿sabes? ¡HA MUERTO! -derrama lágrimas y se tapa la cara.
-Tu padre cuando me abandonó murió para mí. -dice Lee y se marcha a su habitación rápidamente, dando un portazo.
Esto no puede seguir así. Angie se levanta y se limpia las lágrimas. Se suelta el pelo y se lo coloca un poco, hacíendose otra coleta mejor que la anterior, aunque le da igual como vaya a donde va. Nadie la va a ver. Coge la chaqueta y sale a la calle. Divisa el coche de su madre y el suyo. Se dirige al suyo. Ha ido demasiadas veces a dónde conduce ahora. Le traen recuerdos, pero no sabe de qué. Aparca en un hueco que ve entre los árboles. Se baja y coge su linterna, quiere investigar. Aunque solo son las siete y pico de la tarde y se está poniendo casi de noche. Días anteriores, ha escuchado ruidos, demasiados, pero no han pasado a más. Han dejado de sonar, o se han ido alejando. Angie no deja de pensar en la luz cegadora. Ha soñado varias veces con ella, pero en otros sueños, ha escuchado un voz, fría, que le decía cosas, pero no recordaba nada al despertarse.
Se adentró en el bosque y caminó por el barro. Había llovido con muchísima fuerza aquella noche, pero ella llevaba sus botas de agua preferidas, verdes, con motitas negras, y con un "Siempre tú y yo" en la parte delantera. Lo había escrito Den. Muchos de sus recuerdos, lo había vivido con esas botas. Habían ido de excursiones, a museos, a cines, a restaurantes... Ella no se podía separar de ellas. Les daba suerte. El día que se las quitó, fue el día que vio a Den muerto. Hacía mucho calor y pensó que no importaba no llevarlas. Ahora se arrepiente.
Llega hasta una colina. Hay un charco de agua enorme, no cree que pueda pasar sin mojarse los pantalones. Mira hacia los lados y divisa una camioneta. Es la primera vez que la ve ahí. Su color es oxidado, pero en sus primeros días, debió de ser roja. No puede distinguir que marca es, pero parece que es una Dakota. A ella siempre le han gustado ese tipo de camionetas, su ruido y su comodidad, aunque personas ricas y acostumbradas, dirían peores cosas de ella. Hay una cabaña cerca del coche. No la había visto jamás. Pensaba que había pasado por ahí veces, hasta marcó los árboles para venir por allí. Seguramente se había confundido, pero estaba confusa. Ve que un chico está bajando de ella. Angie se esconde detrás de un árbol. Lleva una maleta y una escopeta. "¿Quién puede ser?" se pregunta Angie. Entonces, escucha una voz. Angie deja de mirar al chico y mira detrás suya. Va caminando hasta otro camino que divisa, la voz se escucha cada vez más y más. Parece que grita su nombre. Y pide ayuda. Angie corre. La voz se aleja, Angie va por otro lado, y la voz vuelve más cerca. No mira por donde va, se guía por su oído. Tropieza con un tronco y cae, inconsciente, por el golpe que se acaba de dar.

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