miércoles, 12 de octubre de 2011

Capítulo 4 - ¿Qué soy... qué?

"...trata de no despertarme...
...porque por ti estoy despierto en la noche,
todo lo que veo son imágenes de ti,
cierro mis ojos, mi camino se pierde en el mundo de mis sueños..."

-¿Ya está aquí?
-Sí, señor. Acaba de caer.
-Perfecto.

Una voz dulce me despierta. No abro los ojos, no porque no lo desee, si no porque no puedo abrirlos. Me desespero. Recuerdo que tropezé con algo, me caí en algún lugar y aquí estoy. Pero no tengo ni idea de dónde. Siento que alguien me coge. Se oyen pasos. Más voces se unen a esa voz dulce, masculina, que creo que me lleva. Mis oídos no pueden percibir más cosas. Y mi mente... tampoco.

-Señor...
-¿Ya? Acomodala allí, en ese sofá... Sí, ahí. Bien. Llame a Abril, pídela que venga, lo más rápido posible. Venga, vaya.

-¡Abril! ¡¡ABRIL!! ¡Muéstrate!
-Ay, por favor. ¿Y ahora qué quereís?
Quien la llama se da la vuelta y la observa.
-Abril. Ya ha caído.
Abril se pone tensa.

Mis ojos se abren. Pestañeo. Varias veces seguidas. No consigo ver bien, pero una silueta está sentada ante mí. La miro. Intento hablar, pero mis palabras no me salen. Es como si estuviera muda. La silueta se acerca. Intento moverme desesperada, pero en vano, no puedo moverme.
-Tranquila... -dice la silueta.
Es un hombre. Tiene la voz grave y habla con seguridad, aunque detenidamente.
La puerta se abre.
-Señor.
-Abril. -dice el hombre.
La chica se acerca a mí. Parece que me observa, pero veo todo borroso y no puedo saberlo.
-¿Puede vernos? -dice ella.
-Sí. Pero no bien. -dice el hombre.
-¿Qué piensa?
-En qué deberías de ponerla el medicamento.
-Oh. Claro. -la chica se acerca más a mí y me pone dos gotas en cada ojo. Pestañeo con fuerza. Me pican los ojos, me queman.
Después de haberlos abierto y cerrado durante un rato, los abro. Ya puedo ver bien. Estupendo. La chica, llamada Abril, es rubia, con el pelo largo y suelto. Realmente es muy bonito. Lleva una bata blanca que le tapa los pantalones vaqueros que lleva. Lleva pulseras y un reloj digital, que muestra letras. "Qué extraño" -pienso.
-¿Puedes verme bien? -me pregunta Abril.
-Sí. -consigo decir.
Mi voz es diferente. Más tranquila, menos alarmante que como era antes. Lleva un tono de alta seguridad y así es como realmente me siento. Aunque no sé quiénes son esas personas y qué hago aquí.
-Fantástico. -sonríe Abril.- Cómo ya habrás oído, me llamo Abril. Voy a ser tu guía en este importante trabajo, aunque mejor dicho, objetivo o misión, como tú quieras decirlo.
Me siento en el sofá. Me toco la frente y veo que está muy fría. Demasiado. Me quito la mano al instante.
-¿Qué? ¿Qué pinto yo aquí? -pregunto.
-Te lo acabo de decir. Estás involucrada en importante misión y debes de cumplirla, por tu bien.

Diviso al hombre. Lleva una capa negra, que le cubre todo el cuerpo, exceptuando la cabeza. Es calvo, de piel blanca y con unos ojos pequeños, pero con una mirada extraña, que muestra decir "Eh, aquí mando yo, hazme caso o sufrirás las consecuencias" y que me pone muy nerviosa. Me mira de repente. Había olvidado que puede leerme el pensamiento, o algo así, tal como había preguntado Abril.
-¿Qué misión? -consigo formular.
-Te lo diremos más adelante. -habla de repente el hombre.- Ahora, deberías saber lo que eres.
-¿...Qué soy?
-Eres una ninfa de la Luna.

viernes, 7 de octubre de 2011

Capítulo 3 - Y todo va a comenzar, pero de verdad.

Todo estaba lleno de sangre. Lágrimas de sus ojos se derramaban. Se encontraba sentada en el suelo, viendo todo lo que había pasado. Den... Se encontraba ahí. Lleno de sangre. Lo primero que hizo Angela, fue acercarse a él, gritando cosas desesperadas, piéndolo que despertara, pero todo fue en vano. Rápidamente llamó a una ambulancia. Y ahí se encontraba ella, viendo como se llevaban a Den, polícias preguntarle cosas, y ella ignorando todo, sin apartar los ojos de Den. Se levantó y fue hacia la ambulancia. Varios polícias la retenieron, ella intentó soltarse, pero no podía. Vio como se iba la ambulancia. Todo era trágico. Sintió de nuevo el dolor de cabeza y escuchó un sonido, acababa de recibir un mensaje. Más tarde lo leería, a no ser que tirara el móvil descontroladamente. Un polícia joven, moreno, alto, quizás algo guapo, intentaba consolarla. Angela, sin poder aguantar más, lloró sobre el hombro del policía. El policía la agarró y la abrazó. Era la típica escena de esas idiotas películas, y de nuevo había que admitir que yo era idiota.

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Días después...
-¿Cielo? ¿Estás en casa? -deja las llaves en un cuenco y el abrigo en el armario. Lleva bolsas llenas de ropas, accesorios y zapatos, cómo no, todo muy bonito.
Angie está ahí. Sentada en el sofá. Con la televisión encendida, pero sin embargo, sin siquiera verla. Su madre, Lee, deja las bolsas delante de ella y sonríe. Angie la mira.
-¿Qué te parece? -pregunta su madre.
-Déjame, mamá.
-Oh vaya... Mamá te ha comprado cosas, cosas muy bonitas, ¿las vas a rechazar?
Angie la ignora. Lee se sienta a su lado y la mira.
-Mira cariño, sé que acaba de pasar una cosa terrible, pero creo que debes de pasar página. No es fácil, creéme. Yo pasé lo mismo con tu padre... Fue muy duro, pero he conseguido superarlo.
-No lo entiendes, a tí te abandonó papá, pero Den ha muerto, ¿sabes? ¡HA MUERTO! -derrama lágrimas y se tapa la cara.
-Tu padre cuando me abandonó murió para mí. -dice Lee y se marcha a su habitación rápidamente, dando un portazo.
Esto no puede seguir así. Angie se levanta y se limpia las lágrimas. Se suelta el pelo y se lo coloca un poco, hacíendose otra coleta mejor que la anterior, aunque le da igual como vaya a donde va. Nadie la va a ver. Coge la chaqueta y sale a la calle. Divisa el coche de su madre y el suyo. Se dirige al suyo. Ha ido demasiadas veces a dónde conduce ahora. Le traen recuerdos, pero no sabe de qué. Aparca en un hueco que ve entre los árboles. Se baja y coge su linterna, quiere investigar. Aunque solo son las siete y pico de la tarde y se está poniendo casi de noche. Días anteriores, ha escuchado ruidos, demasiados, pero no han pasado a más. Han dejado de sonar, o se han ido alejando. Angie no deja de pensar en la luz cegadora. Ha soñado varias veces con ella, pero en otros sueños, ha escuchado un voz, fría, que le decía cosas, pero no recordaba nada al despertarse.
Se adentró en el bosque y caminó por el barro. Había llovido con muchísima fuerza aquella noche, pero ella llevaba sus botas de agua preferidas, verdes, con motitas negras, y con un "Siempre tú y yo" en la parte delantera. Lo había escrito Den. Muchos de sus recuerdos, lo había vivido con esas botas. Habían ido de excursiones, a museos, a cines, a restaurantes... Ella no se podía separar de ellas. Les daba suerte. El día que se las quitó, fue el día que vio a Den muerto. Hacía mucho calor y pensó que no importaba no llevarlas. Ahora se arrepiente.
Llega hasta una colina. Hay un charco de agua enorme, no cree que pueda pasar sin mojarse los pantalones. Mira hacia los lados y divisa una camioneta. Es la primera vez que la ve ahí. Su color es oxidado, pero en sus primeros días, debió de ser roja. No puede distinguir que marca es, pero parece que es una Dakota. A ella siempre le han gustado ese tipo de camionetas, su ruido y su comodidad, aunque personas ricas y acostumbradas, dirían peores cosas de ella. Hay una cabaña cerca del coche. No la había visto jamás. Pensaba que había pasado por ahí veces, hasta marcó los árboles para venir por allí. Seguramente se había confundido, pero estaba confusa. Ve que un chico está bajando de ella. Angie se esconde detrás de un árbol. Lleva una maleta y una escopeta. "¿Quién puede ser?" se pregunta Angie. Entonces, escucha una voz. Angie deja de mirar al chico y mira detrás suya. Va caminando hasta otro camino que divisa, la voz se escucha cada vez más y más. Parece que grita su nombre. Y pide ayuda. Angie corre. La voz se aleja, Angie va por otro lado, y la voz vuelve más cerca. No mira por donde va, se guía por su oído. Tropieza con un tronco y cae, inconsciente, por el golpe que se acaba de dar.

Capítulo 2 - ¿Por qué no me coges el teléfono, Den?

Abro los ojos. Me encuentro en mi habitación. Tan desordenada como siempre. Lo último que recuerdo era una luz cegadora. Debe de ser un sueño. Me levanto de la cama y cojo una camiseta normal y corriente y unos vaqueros azules. Me lo pongo rápidamente y bajo a la cocina descalza. No está mamá. Observo que había un post-it en la nevera. Me acerco y lo leo:
"Angie, cielo, vuelvo por la cena,tengo una reunión muy importante. Bájate esos humos, ¿quieres? Te quiere, mamá."
¿Humos? ¿He estado enfadada? ¿Cuándo? ¿Por qué no lo recuerdo? Qué raro es esto, es como unas de esas películas que los idiotas de los protagonistas tienen lagunas en sus memorias y intentan averiguar que ha pasado.
Había que asumir que soy idiota. Cojo un bollo de crema y agarro las llaves, mientras muerdo el bollo, me dirijo al coche que me regaló mi madre por mis 17º cumpleaños y lo arranco. Dejo el bollo en el salpicadero y conduzco hasta otra parte dónde pueda recordar.
Me duele un poco la cabeza, pero no me importa. Pongo la música y se escucha "Somewhere Only We Know" de Keane. Tatareo la canción mientras me dirijo a la casa de Den, mi novio.
Aparco enfrente y me bajo. Aún sigue escuchandose la canción. No voy a tardar mucho. Llamo al móvil de Den. No lo coje. Qué raro, la luz de su habitación está encendida. Sus padres estaban de vacaciones, por las costas alemanas, así que tiene que ser él o que se le haya olvidado apagar la luz, y eso es raro, Den es económico. Llamo al timbre. Nada, no responde. Me agacho y cojo la llave de debajo del felpudo. Den me lo dijo por si había problemas y esto era urgente. Giro las llaves y entro. Olía algo raro. Subo directamente a la habitación de Den, oliendo cada vez más y más un olor muy fuerte, muy malo, como si fuera algo podrido. Abro la puerta de Den y un grito se me escapa.

Capítulo 1 - Me llamo Angela, pero llámame Angie.

Me hallaba sentada en una colina bajo la luz de la luna. La estaba observando y a la vez pensaba en porqué motivo me encontraba allí.
Había discutido con mi novio, con mi mejor amiga y por último, con mi madre. Había cogido el coche y me había largado con la condición de pensar en todo. No sé porqué paré en un rincón y salí del coche, pero una sensación me obligaba a subir por esa colina y sentarme.
La Luna estaba llena, resplandeciente y demasiado blanca, para ser una luna. Era bonita.
Escuché unos ruidos. Parecían pasos. Podría ser de un animal -pensé- O tal vez es el viento, salvaje y frío. Escuché más ruidos, estos eran más fuertes y pesados. Me levanté y miré hacia los arbustos. Estos se movían agitados. Sentí el miedo. ¿Qué podría hacer? ¿Correr sin destino alguno o quedarme ahí parada, arriesgando lo que pudiese pasar?
Entonces, pensé en mi novio. Había discutido con él, por haberle pillado charlar con una chica. Él era alto, guapo, con unos preciosos ojos verdes, con un bronceado increíble y era el capitán del equipo de fútbol masculino. La chica era guapa, de ojos azules y rubios. La típica animadora, que intenta quitarte el novio y que tal vez al final lo consiga. Es normal que me haya enfadado un poco, ¿no?
Después me encontré a mi mejor amiga. Ella también es guapa, de ojos castaños, pelo marrón, largo y liso. Con pecas y una sonrisa preciosa. Viste con originalidad y me anima siempre que puede. Es la mejor amiga que alguien puede tener. Pero ese día la veía rara. Miraba con sus ojos marrones a todos lados y cuando me vío, vi su cara pálida, blanca como la nieve y con una seriedad suprema. Nunca la había visto así, ni tan rara ni tan seria. Cuando me vío, miró a otro lado. Parecía que me evitaba. Me senté a su lado y ella se apartó un poco.
-¿Qué ocurre? -pregunté- Estás... un poco rara.
Me miró a los ojos. Sus ojos estaban más oscuros de lo normal. ¿Cómo podrían haberse oscurecido tan rápido? Dudo que fuese la luz.
-Nada. No ocurre nada. -mira hacia otra parte-.
-Pues no parece que no ocurra nada.
-Pues si no parece, te vas y me dejas en paz. -dice mirando hacia su pulsera morada. Se la regalé yo por su cumpleaños. Lleva nuestras iniciales.
-Oye, tampoco tienes que ser tan borde, ¿sabes?
-Haber, si entiendes, ¡que me dejes en paz! -grita y se levanta marchándose.
Todo el mundo me mira. Estoy desconcertada. ¿Qué acaba de ocurrir?
Más tarde, al volver a casa, me encuentro con mi madre viendo la tele en el sófa. Está viendo uno de esos programas de cocina, aunque creo que no lo necesita, pues cocina muy bien. La miro y la saludo. No me dice nada. Cómo estamos hoy, dios. -pienso- hoy están todos en mi contra.
-¿Mamá? -digo.
-¿Qué quieres? -dice mirando fijamente el televisor.
-Ya he llegado.
-Ah, muy bien.
-¿Qué pasa?
-¡Nada! ¡Ahora déjame y vete a hacer tus deberes! -grita enfadada.
Ya no puedo más. Cojo las llaves de su coche y me voy por la puerta. Escucho un "¡¿A DÓNDE VAS?!"  y me enfado aún más. Subo al coche y me dirijo a ese bosque, donde subo la colina y dónde me pasa lo que me está pasando en este mismo instante.
Escucho otro ruido, seguido de otro. Parecen gritos, aunque no estoy muy segura.
-Angela... -dice una voz fría.
Me estremezco. ¿Quién acaba de decir mi nombre? ¿Cómo lo sabe? ¿Dónde está?
-Ya estás preparada... -dice de nuevo la voz.
De repente, veo una luz blanca. Va creciendo y creciendo. Casi no veo nada, cuando me doy cuenta de que estoy en ella. Me estoy cayendo en alguna parte. Intento gritar, pero no me sale la voz. Caigo en la suma oscuridad y...